Todo movimiento es caceria
Cuentos.

Alción Editora.
Córdoba, setiembre 2002


Finalista Premio Sent Sovi de Literatura. Universidad de Barcelona, Freixenet y Ediciones Destino. Barcelona, 2002.

Premio Internacional Terra Ignota 2001 . Nuevo Laredo, Tamaulipas, México. Ver link

Distinguido por Fondo Nacional de las Artes, 2001,


Fragmento


El aviso decía: Acompañantes gordas. Gordas dispuestas a todo. A Diana le pareció que sonaba bien y que muchos se iban a interesar en la oferta. Las tres habían descubierto mucho tiempo atrás la existencia de hombres a los que les gustan las mujeres gordas y que se colocan frente a esto a medio camino entre un fetichista y un voyeur. Pero al cumplir cuarenta, descubrieron las delicias de la vida sibarítica e hicieron un plan riguroso de comidas donde no faltaban las macadamias ni los cocos, ni las castañas de cajú, ni las salsas espesadas con crema, con el propósito de engordar en un año no menos de sesenta kilos. Subir de peso, subir tal cantidad, no fue -como lo creyeron en un comienzo- tarea fácil. Cada una a su manera se había pasado veinte años haciendo dieta, a la pesca de amores perdurables; hasta que les nació la conciencia y decidieron dar un vuelco en sus vidas, mudar todo eso por las almendras, los chocolates, los licuados de banana con leche y los especiales de jamón crudo con manteca. Una vez libradas del rigor de la balanza, abiertas las compuertas para engordar sin límites, subieron rápidamente entre veinte y treinta kilos y se estancaron ahí, sin encontrar el modo de subir las cuentas a sesenta, setenta kilos, que era lo que necesitaban para ponerse en forma, iniciar el servicio de acompañantes y abrir el club a la clientela.

Probaron con pasta de avellanas y miel durante el desayuno. Se acostumbraron a interrumpir la noche con entremeses. Ponían los despertadores a las tres, a las cinco y a las siete, y manoteaban a oscuras los bombones de licor, las trufas, el chocolate en rama que habían dejado sobre las mesitas de noche. Devoraban en las mañanas aceitunas negras, provolone, panes untados con pasta de anchoas, con paté, con roquefort, con manteca, y se atiborraban de chicharrón que la mucama les traía del campo.

Se habían propuesto subir no menos de tres kilos por semana para que los preparativos de apertura no se demoraran, de modo que en meses -a lo sumo un año- estuvieran en condiciones de abrir un comedor que se convirtiera en el atractivo fundamental, el non plus ultra del club. Pero lo que en un comienzo pareció de extrema facilidad, terminó siendo una empresa que les llevaba mucho más tiempo y esfuerzo de lo previsto. Sólo cuando decidieron comer aquellas carnes de caza, engordaron lo necesario, obtuvieron el peso que indicaban los manuales y alcanzaron un grado extraño de belleza -de tersura en la piel y en los ojos- y esa mirada salvaje que promueven los avisos publicitarios y que se convirtió en el atractivo más conspicuo del club.

Acordaron en llamar al plato el manjar prohibido, aunque en la carta figuraba como Carnes rojas de caza a las finas hierbas . Verena lo había probado por primera vez en el Congo Belga y más tarde conoció otras versiones en Guinea Konacry y en Niger; desde entonces hizo infinitas combinaciones de ingredientes y condimentos hasta dar con el sabor que lo caracterizaba, un sabor contundente pero a la vez delicado que las socias sabrían apreciar. Consiguieron cierta tarde una pieza de carne, ensayaron una versión con canela y decidieron enseguida que ese ingrediente solo no quedaba bien, pero que el plato necesitaba una pizca, y que el limón no debía ser demasiado porque su acidez opacaba el elemento base. Cada ingrediente –se tratara de salvia, estragón o marsala– necesitaba sucesivas degustaciones que fueron llevándolas, casi sin que ellas se dieran cuenta, al peso necesario. El estragón, lo supieron enseguida, no era condimento para un plato como éste: se trataba de una hierba para preparados suaves, verduras, pescados tal vez, nunca le iría bien a una comida fuerte como la que estaban buscando. La primera en advertirlo fue Galia, quien descubrió que el romero era la aromática adecuada porque su sabor definido competía bien con la carne, y que la páprika y el jengibre le aportaban una nota exótica y, por sobre todo, exaltaban y volvían inconfundibles los elementos. Fue también Galia quien advirtió que los acompañamientos mejores eran los chutneys -en especial el de peras- y la salsa de ciruelas, que tanto le iba bien a esta carne como al cerdo; y ella la primera en descubrir que degustando las numerosas pruebas de cocina habían engordado más que con los bombones, el chocolate en rama y la nuttela que hacían traer en cantidades desde Milán.

Estaban dispuestas a tomarse todo el tiempo que hiciera falta antes de abrir ese restaurante exclusivo, para mujeres cuidadosamente seleccionadas, pero luego de aquel descubrimiento, no fue necesario esperar demasiado porque los hechos se deslizaron con absoluta naturalidad. Al cabo de meses, cada una engordó más de ochenta kilos y entonces, alcanzados los requisitos que fijaba el reglamento, trataron de favorecer, poco a poco, una costumbre, un modo de encauzar los impulsos, de llevar a los hombres hacia ellas que estaban ávidas y querían comenzar a darse algunos gustos.

Cuento "Todo Movimiento es Cacería"



Se dijo sobre esta obra


Delicadeza y crueldad confluyen en la escritura de estos cuentos: historias de mujeres, de heroínas que cazan o son cazadas, matan o mueren, expían culpas propias y también culpas ajenas, intentan –en vano- borrar manchas que contaminan indeleblemente la memoria. Cada texto condensa una biografía y es, de algún modo, su conclusión existencial .. (..) .. La ironía trágica es la nota más frecuente en estos relatos elaborados como trampas donde los personajes caen por el peso de sus propias acciones, porque otros saben empujarlos, o por el despojo que el tiempo –el gran cazador, el que siempre gana la partida- ha practicado sobre ellos.
María Rosa Lojo, La Nación, 5 de enero de 2003

Todos los cuentos trabajan frontal y descarnadamente con temas complejos, dolorosos; sin embargo la escritura opera con sutilezas, sugiriendo con pequeñas pinceladas, con una palabra, o una descripción certera; se crea así una atmósfera que retrata la situación en toda su complejidad y profundidad...(...).. Cada cuento tiene su propio epígrafe. Esto revela el minucioso trabajo de Andruetto para tejer una delicada trama de citas que arman tanto un mapa de lecturas como un mapa de relaciones: la escritura y la lectura como placeres compartidos.
Selma Cohen, La Voz del Interior, 21 de noviembre de 2002


La riqueza de detalles, la irrupción de la poesía, el infierno subterráneo que llena de tensión el aparente minimalismo, el distanciamiento de la narración como si la autora mirara sin intervenir enrolan a esta autora en la más rica tradición del cuento contemporáneo, con un estilo propio y sorprendente.

Luis Mónaco, El Litoral, 17 de abril de 2003



Lectura y descarga.

La Escena en el Cuento

La Vibración del Universo

Stefano

Todo Movimiento es Cacería


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