ficción

RESEÑA: EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS – EL ARTE DE LA ADAPTACIÓN

RESEÑA: EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS – EL ARTE DE LA ADAPTACIÓN

 

Por una vez me deleito en la construcción inteligente de un guión, a lo que se añade una magnífica interpretación y un preciso, pulcro montaje. Estamos ante un ejemplo de metacine. El cine habla de sí mismo, de sus dificultades y sus tramas, de sus arbitrariedades y frivolidades, de sus engaños.
Su protagonista, interpretado por un bien alimentado Nicholas Cage, nos lleva a través de la elaboración de un guión. Manifiestamente tocado por el síndrome de Bartleby, que diría Vila-Matas, se halla en un callejón sin salida, pues está fascinado por la belleza y la calidad del libro que debe adaptar para el cine. Su conciencia artística es tal que no le permite acercarse a la creación sin sentir un terror paralizante, el mismo que siente ante el amor.
La idealización de las vivencias o las expectativas sitúa al ser humano en un desfase entre lo esperado y lo vivido. Como decía el maestro Shakespeare, todas las cosas de este mundo se persiguen con más ardor que se gozan. Y cuando se gozan, no tiene por qué ser para siempre y los motivos para perseguirlas no tienen por qué pertenecer al dominio de la razón.
Sobrevuela a la historia la teoría de la adaptación de Darwin. Sólo sobreviven los fuertes, los que saben adaptarse al medio que les toca vivir, sin la angustia que provoca en el hombre el deseo de transformar a la perfección el mundo que le rodea porque no es capaz de aceptarlo.
Construida sobre el trazado de unos personajes que se nos revelan distintos a como los hemos concebido por sus manifestaciones externas y se metamorfosean ante los ojos atentos del espectador, esta es una película para un público al que le guste pensar, un público que será movido al llanto, a la risa y a la fascinación, envuelto en el aroma fantasmal de las orquídeas, las flores más eróticas de la tierra.

 

Olga Tenorio.

UNA VIEJA AMIGA: TERESA, LA PIANISTA

UNA VIEJA AMIGA: TERESA, LA PIANISTA

“Mi mayor felicidad, mi único anhelo es volver a la patria amada; es un martirio constante para mí esta ausencia que se prolonga en demasía” TC.

El ir y venir de los azules atrapados en la orilla, adormece mis ojos cansados por los viajes imaginarios que hago con las palabras, palabras ilustradas con colores brillantes del arco iris.

… Un silencio, un lento movimiento de giro vencido termina en un acariciar de suaves pétalos aterciopelados en la húmeda alfombra que nos invita a seguir soñando hasta el amanecer. Al despertar, el arco iris ha tatuado mi piel blanquísima y los azules giran al compás del piano de una vieja amiga. Los colores comienzan a danzar acompasados al ritmo del vals “Gottschalk”.

Las palabras se confunden en movimientos perfectos de un, dos, tres, un, dos, tres, un… Hay una fiesta en mi taller, una amiga me visita por una semana, su nombre es Teresa. Teresa Carreño nace el 22 de diciembre de 1853, su nombre completo fue María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño-García de Sena, pero, al igual que otras artistas, prefirió minimizarlo un poco; por eso es que la historia musical la conocerá como Teresa Carreño.

Por ejemplo el caso de la escritora de fina prosa, Teresa de la Parra: su auténtico nombre fue Ana Teresa Parra Sanojo. La pianista valenciana María Luisa Escobar, de quien por cierto la sala más importante del Ateneo de Valencia lleva su nombre, se llamó María Luisa González Graginera y, por último, para continuar con el tema de hoy, fue la escritora chilena, autora de Desolación y premio Nóbel de Literatura (1945) Lucila Godoy Alcayata, a quien la poesía conocería como Gabriela Mistral.

Es suavemente fantástico y profundamente conmovedor estudiar la vida interior de éstas grandes mujeres artistas. Teresita fue niña prodigio. A los nueve años, ya instalada en Nueva York, ofrece el primer concierto “formal” de su vida. Meses antes se había producido un encuentro entre Louis Moreas Gottschalk y la pianista; conseguimos en el repertorio un vals titulado con ese nombre.

Dominaba el piano con inteligencia y maestría, asombro de los que la escucharon tocar al instrumento más imponente y completo que conozco. Cada tecla se sentía mimada por los deditos de aquella niña que no conocería otro juguete, otro amigo tan fiel, otra razón de vivir. Teresita creció con la música de aliada; su vida se magnificó con la regia personalidad de un instrumento avasallador, poderoso y auténticamente el.

Las giras comienzan, la fama se agiganta, el nombre de Teresa Carreño se extiende. Cosecha aplausos, inspira crónicas musicales, vive de hotel en hotel, de ensayo en ensayo y de concierto en concierto. Teresita deja su mundo de niña.

Ya en París a los 16 años, dando vuelta atrás y recordando su niñez, había recorrido los Teatros de Nueva York, Boston y Cuba. Comienzan sus giras por Europa: España, Londres, Paris conocerán a nuestra compositora.

A los 36 años Alemania le da la consagración definitiva, con la madurez sellada desde su niñez se le reconocería mundialmente. Europa acoge a nuestra artista durante 27 años, los que aprovechó para recorrer y vivir en distintas ciudades.

Teresa fue una hermosa mujer. Atrevida para su época, sus actividades eran propias de su genialidad y gracias a ese temperamento pudo enfrentarse a la vida cómo lo hizo, como artista y como mujer. La Carreño aceptada tan igual a los grandes músicos, compositores, talentos excepcionales. Ella sabía quién era y así se conducía, pero nunca dejó que la vanidad de la fama la dominara. Trabajó ardua y tenazmente toda su vida, y cómo. Es poca la posibilidad de adentrarme en el tema de sus consecuentes matrimonios y divorcios, prefiero descubrir la vida interior de la artista y su obra.

La pianista tenía otras facetas, el canto, la pedagogía -que ejercía cuando no tenía giras- la composición indiscutiblemente desde niña, dimensiones que supo alternar con sus ejercicios diarios sobre su “potro domado”. Teresita es invitada en 1885 a Caracas por el general Joaquín Crespo. Ofreció conciertos en el Teatro Municipal “Guzmán Blanco”. Realizó visitas a Valencia, Puerto Cabello, Maracaibo y otras ciudades, aprovechando para extender su gira a las vecinas islas.

La nostalgia de la compositora por su país de origen se resume en sus propias palabras en el epígrafe que encabeza ésta crónica musical. Como todo trabajador del arte, tuvo que renunciar a placeres cotidianos y enfrentarse al duro trajinar artístico. ¿Vivió intensamente? Sí, lo hizo. Su gran talento la honró toda la vida.

Tuvo tres divorcios de artistas como ella, seis hijos, falleciendo Lulú a la edad de la inocencia. Finalmente, contrajo matrimonio a los 48 años viviendo felizmente hasta el final de su existencia. Teresita Carreño muere en Nueva York a los 63 años.

Al igual que Teresa de la Parra, nuestra escritora, sus cenizas son trasladadas al Panteón Nacional donde se enaltece a los más grandes y merecedores hombres y mujeres.

Las dos Teresas, nuestras, artistas, con una vida interior intensa, enfrentadas a todo y a todos. Mujeres que triunfaron para la gloria nuestra. Ellas son, hijas de la patria.