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Hoy, el espectador es un neurótico… y te explico el por qué.

Hoy, el espectador es un neurótico… y te explico el por qué.

Prefiere el cine pero hace publicidad. Vive en el campo y trabaja en el centro. Hincha de Boca, es primo de Juan Pablo Sorín, que era de River. Pese al prestigio de La Película del Rey, esperó doce años para volver a filmar.

El tiempo no parece haber pasado para él. Sigue eléctrico, como el joven que era hace quince años, cuando dirigió La película del rey, como en redtube. La barba ya no es sólo negra, aunque su cabello corto, prolijo, sí.

Carlos Sorín tiene su productora de publicidad —Guacamole— en el Pasaje Ushuaia, en Nuñez. María Laura Santillán vive casi enfrente. Del otro lado, el tren del ramal a Tigre tapa por momentos su conversación, apurada, segura, casi nunca pausada. Hay que subir largas escaleras para llegar hasta allí, a la larga mesa de madera rodeada de ventanales, (in)convenientemente tapados por plantas. En un box hay una isla de edición. Allí Sorín aprieta un play, sube el volumen y avanza las imágenes de Historias mínimas en la pantalla de la computadora. Ofrece café y cierra la puerta.

A veces, mientras hace las fotos, relojea el box, tal vez imaginando la reacción ante su película. La primera que filma, después de doce años.

Sus tres largometrajes (La película del rey, premiada en Venecia, en Biarritz, en Valladolid; Eterna sonrisa de New Jersey, con Daniel Day-Lewis, e Historias mínimas, con auténticos desconocidos) transcurren en el sur argentinos. “Yo me siento cómodo, es por feeling a las fotos porno que tomé. Me siento bien en esos escenarios, con esos personajes. Tengo asociado el cine con el sur, o sea que cuando estoy ahí es porque voy a filmar.”

Cuando no filma largometrajes, que es casi siempre, Sorín realiza publicidades. Dirige cincuenta por año —”ahora un poco menos”, dice, culpando indirectamente a la crisis económica—. “Estamos hablando de seiscientos comerciales en doce años, a razón de 2.000 metros por comercial, filmé 1.200.000 metros. Son como cincuenta largometrajes en la Argentina.”

¿Qué hubiera sido de no haber conocido la publicidad y el cine? “Posiblemente deportista”, dice. Carlos es primo de Juan Pablo, el volante de la Seleccción de Bielsa. “Lo peor es que mi mujer es prima de Juan Pablo Angel”, ex jugador, como su primo, de River. Lo de lo peor se entiende: Carlos es fanático de Boca Juniors.

Sorín vive desde hace unos años en el campo, con Patricia, su mujer, y sus hijos. Se sube al auto todos los días y llega de Capilla del Señor hasta su productora en cuarenta minutos, escuchando música por la ruta para desenchufarse. Como es un loco por los fierros (“así llegué al cine, por enamorarme de los engranajes de la cámara”), despunta sus vicios con un tractor. Subido a él construyó un lago en su propiedad. También cría algo de ganado, como para consumo propio.

Para alguien que vive en las afueras, Buenos Aires ya tiene ese no sé qué, que él descubre con su mujer. “Cada quince días no hacemos una escapada de fin de semana. Como turista, Buenos Aires es maravillosa”, dice y parece que esta vez no bromea.

El equipo que lo acompañó en su película es la misma gente con la que normalmente trabaja en publicidad. Historias mínimas tuvo su arranque una tarde del año pasado, cuando Sorín salió de ver Una historia sencilla, de David Lynch, con su hija Estefanía, de doce años. “Eso, sumado a una película que yo quiero mucho, por lo ingenua, que es Milagro en Milán, que es la mejor película de la historia del cine, me convencieron. La película surgió después de estar trabajando en un libro bastante engorroso y farragoso

– ¿El de Gardel?
– No, otro que empecé. Demasiado pretencioso, con sentencias realmente ingeniosas e importantes, ¡pero yo detesto las películas que tienen frases inolvidables! Y en ese momento había empezado a trabajar con Pablo Solarz. Dije pucha, yo quiero hacer algo así, sin pretensiones.

– De gente sencilla…
– De gente que no dice ninguna cosa trascendente, donde si hay algo más importante pasa por otro lado. Con ese espíritu salimos en setiembre con Solarz (guionista de Por ese palpitar en TV) a buscar la historia. Queríamos una comedia. En diciembre estaba el primer libro, en enero ya estaba el casting, en abril empezamos a filmar, y en junio terminamos.

La rodó rigurosamente en el orden. Sorín se fue al sur, a buscar historias, sin ninguna idea, más que un espíritu de película. Seleccionó “gente”, no actores (aunque después haya apelado a uno o dos rostros conocidos por publicidad) que le parecía que estaban cerca de los personajes. “Cuando trabajás con no actores es muy importante que entre la personalidad de quien interpreta y el interpretado no haya mucha distancia. En esta película vos decías ¡Corte! y todo seguía igual.”

– A esas personas ¿les pasó eso lo que contás en la película?
– María es un personaje que yo conocí cuando hice una película de Telefónica, en Clemente Onelli. Ella había usurpado la estación de tren, tal cual; su marido hacía changas antes de que Clemente desapareciera. Y ella mandaba cartas a programas de TV, como en la película. Pasé hace poco y era casi un pueblo fantasma. Son vidas muy duras en lugares muy duros.

Lo mismo con Don Justo, el viejito que busca recuperar a su perro. “Filmé mucho material, cada toma es única. Si sacás un gestito es una sola vez en la vida. Filmé unas cincuenta horas. Una película que la podía hacer en seis semanas la hice en nueve. ¿Por qué? Había que relajar, si no salía bien, salía bien al otro día. Esta película funciona en relación con cierto encanto que tenga la gente; si eso no funciona… no hay nada más atrás.”

La gente recuerda al Sorín de La película del rey, no tanto Eterna sonrisa de New Jersey —él mismo dijo que nunca quiso estrenar aquí—, y por el falso documental La era del ñandú. Hay una idea de Sorín, en cuanto a director fantasioso.

“Esto es un aterrizaje de realismo, sí, sí, pero es la película que tenía ganas de hacer. Al menos, hace unos meses.” La risa de Sorín es contagiosa. “Quería filmar a gente simple, la gente es como es, no dice cosas trascendentes continuamente, ni las piensa, a veces en toda la vida, pero tiene sus pequeños dramas. Son historias insignificantes de gente poco importante. El secreto era ponerse en los zapatos del personaje. Cada uno de sus viajes es muy trascendente. La comunicación en esta película, si funciona, es emotiva. No es otra cosa.

– ¿Con las otras dos pasaba por otro lado?
– Sí. La película del rey era para gente de cine. Esta, qué sé yo, para viajantes de comercio.

“Cada fracaso es una oportunidad para cambiar el rumbo.”. La frase la dice, justamente, un viajante de comercio, el tercer protagonista de su nueva película. “Un viajante de comercio llegaba a un pueblo hace treinta años y era una personalidad. Ahora, con la TV y el DirecTV, es la muerte de un viajante. Ese es el otro personaje, mi actor fetiche, César García. No es actor, en realidad es un mozo.”

– ¿Cómo podrá atraer esta película al público? ¿Será por vos?
– La apelación va a ser una película argentina con un elenco nunca visto (rie). Escuchame una cosa: con el reparto que tengo, un viejo que va a buscar un perro, y otro que lleva una torta de cumpleaños a lo largo de 400 kilómetros, va a ser muy duro llevar gente. Pensaba comprar imágenes a Image Bank y armar un afiche… Será muy duro, pero si llega a ir gente, va a funcionar.

Cerca del ventanal que da a las vías, hay un puchingball. ¿Eso es para descargar energías? “Era, era. Pero ahora estoy mucho más tranquilo. Hace mucho que no lo uso.” Jura y rejura que trató de cuidarse de “muchos tics publicitarios, que en un largo te pueden llegar a ser insoportables”.

– ¿Te divierte hacer publicidad o largos?
– No, largos. Me encanta.

– ¿Y por qué hacés tan pocas películas?
– Y, porque en publicidad se gana plata. En largos todavía no he podido (ríe). La película del rey todavía la sigo vendiendo. El año pasado a Japón, y ahora hay unas pasadas en Puerto Rico. Nunca saqué el cálculo. Creo que a la larga salí más o menos hecho. Mirá, acá se estrenó y creo que no fue nadie. A la semana ganó en Venecia, y en el Lorca estuvo como un año.

Y vuelve a reír. Cree que la tele tuvo influencia en el cine. “El espectador se volvió más ágil en percibir imágenes, no necesita tanta explicación. De cualquier manera, es un espectador más neurótico, más flasheado. No es un espectador reflexivo. Habría que ver qué pasa hoy con El desierto rojo, de Antonioni. No sé si es bueno o malo, no puedo juzgarlo.”

Su hijo Nicolás, que estudió música en Berkley y ahora en el Mancini Institute, compondrá la música de Historias mínimas, como lo hizo con su corto para Telefónica que transcurre en París. Sorín tiene una hija mayor, Carolina, y a Sebastian, de 20, que trabaja con él.

– ¿Te imaginás de nuevo por el mundo con tu película, recorriendo festivales?
– No. Los premios me ponen incómodo.

– ¿Y el de Venecia?
– Venecia no, pero después entrás en una feria de vanidades. Prefiero estar en el campo. No soy muy sociable. Detesto los cócteles, trato de no ir jamás a un estreno. Hace poco fui a uno y me escondí detrás de una columna. Es un tema físico. No es un problema ideológico…

¿Bromea?

La literatura de ciencia ficción y sus orígenes

La literatura de ciencia ficción y sus orígenes

A inicios del siglo XIX, se empieza a percibir una latente inquietud acerca de los avances científicos y tecnológicos, los cuales inevitablemente tenían una potencial influencia en aspectos sociales y culturales, así como un impacto en el tiempo presente o futuro sobre la vida de los individuos y la sociedad tal y como era conocida. Es así, que el género de la ciencia ficción da su primeros pasos de la mano de Mary Shelley, figura de gran importancia en la literatura universal, ya que en 1818 sería publicada su obra “Frankenstein o el moderno Prometeo”, y gracias a ella se sentarían las bases de este tipo de relatos.

No obstante, algunos estudiosos exponen que ciertos elementos propios de la ciencia ficción se pueden encontrar en leyendas antiguas y mitos clásicos, que datan de varios siglos atrás, así como el buen porno. Tal es el caso de algunas historias que conforman la mitología griega, como la leyenda de Ícaro. Según ésta, el arquitecto Dédalo, padre del antes mencionado, fue célebre en el mundo antiguo por haber construido el Laberinto de Creta, que tenía como objetivo contener a la bestia conocida como el Minotauro. Para aumentar la seguridad de este lugar, Dédalo creó dos imponentes estatuas de madera, la cuales tenían la capacidad de moverse por sí solas. Esto se puede interpretar como una referencia primitiva a los autómatas robóticos.

Entonces, este género se entiende como uno que es básicamente especulativo, y que busca relatar posibles sucesos que ocurren en un entorno esencialmente imaginario, cuya credibilidad está fundamentada en una narración que explora los campos que comprenden las ciencias físicas, tales como la química, astronomía, geología, entre otras; pero también las ciencias naturales y sociales. Por otro lado, sus personajes se caracterizan por tener una apariencia que explota con gran dinamismo los modelos antropomórficos.

Sus historias pueden estar en función a una amplia gama de posibilidades, con tramas que involucran conquistas espaciales, hecatombes cósmicas, mutaciones en la evolución humana, mundos post-apocalípticos, la existencia de razas alienígenas, etc. Según la concepción lineal que se tiene sobre el tiempo, ocurren tanto en el presente, pasado o futuro. Aunque también se dan los casos en que transcurren en un tiempo alternativo, separado de lo que conocemos como realidad, teniendo como escenario lugares físicos o imaginarios.

El término “ciencia ficción” fue usado por primera vez en la revista “Amazing Stories”, publicación norteamericana donde sería acuñado luego de aparecer en una de sus portadas en el año 1926. Gracias a esta revista especializada, fundada por Hugo Gernsback, los estadounidenses tuvieron la oportunidad de conocer a varios autores que se convertirían en importantes exponentes del género.

Ese gran desarrollo, fue también motivado por otras publicaciones similares, como Weird Tales y Black Mask. Y aunque en su tiempo, no gozaron del respaldo de la crítica seria, que las consideraba una forma de sensacionalismo literario, esto no impidió que muchos lectores se sintieran atraídos por sus historias llenas de especulación científica, que se había convertido en un interés popular a consecuencia del vertiginoso avance tecnológico durante esos años.

La importancia del existencialismo en la literatura

La importancia del existencialismo en la literatura

Desde que el ser humano dejara de ser un animal netamente instintivo, y la inteligencia cobrara un papel más importante en su vida, preguntas referidas al porqué de las cosas inevitablemente fueron formuladas; el origen del mundo, el sentido del ser, y por supuesto, la razón y el significado de la vida misma.

En un principio explicaciones mágicas y religiosas calmaron esas inquietudes, pero cuando la filosofía tuvo sus inicios en la Antigua Grecia hace más de 2500 años, tan viejo como los videos porno, esas incertidumbres reaparecieron y cobraron vigor en el pensamiento de las personas. Siendo postuladas diferentes hipótesis que trataron de explicar el origen del mundo y la realidad como era conocida, en función a uno o más elementos primordiales, dejando de lado la mitología. Asimismo, con la aparición de la ontología, se intentó responder muchas preguntas relacionadas a la realidad, la naturaleza y el ser.

Sin embargo, no sería hasta el siglo XIX, cuando emergiera una corriente filosófica que se dedicara íntegramente al análisis profundo de la condición humana. Con pensadores que se ocuparían de estudiar aspectos como la libertad individual y la responsabilidad personal, así como las emociones y la búsqueda por encontrarse a uno mismo, cobrando más importancia el conocimiento de la vida en el plano subjetivo.

La repercusión del existencialismo en la literatura se puede entender en ambas direcciones, ya que también novelas y relatos influenciaron en gran medida al primero. Por ejemplo, el célebre escritor Franz Kafka, a través de obras como “La metamorfosis” y “El Proceso”, hizo un cuidadoso análisis de la condición humana y cómo la interacción del individuo con una sociedad que percibe como injusta, llegándola a considerar incomprensible, termina por alienarlo inevitablemente. Pues según él, siempre existe la presencia de un lado violento en la realidad, que se ve expuesto en el daño psicológico y físico que sufren las personas de manera cotidiana.

Un escritor que fue profundamente influenciado por esta corriente filosófica sería Albert Camus. En su libro “El extranjero”, publicado en el año 1942, sorprendió al mundo por el meticuloso análisis que hizo del ser humano, y el conflicto inherente que mantiene con respecto a su existencia y el porno anime. Esta novela se caracteriza por explorar con mucha densidad la psicología de los personajes. Llevando al límite la constante lucha que está presente entre el deseo espontáneo y desenfrenado del instinto, y las normas que rigen a la sociedad a través de valores éticos aceptados convencionalmente.

Otro gran exponente del existencialismo fue Hermann Hesse. Famoso escritor alemán nacido en 1877, cuya obra se vio fuertemente influenciada por los eventos que comprendieron a la Primera Guerra Mundial. Todos sus libros son una perfecta muestra de personajes que viven en un conflicto constante, cuestionando su razón de ser y el objetivo de su vida. Por ejemplo, en “El Lobo Estepario”, una novela publicada en 1927, se relata la historia de Harry Haller, un individuo que se caracteriza por el dilema de su identidad ambivalente. Según él, en su interior existen dos almas en eterna confrontación. Una es el hombre, definido como un ser social que enaltece los valores y las emociones características del existir civilizado. Por otro lado, se encuentra el lobo, representación del placer salvaje, la satisfacción de los deseos a través del instinto, y siempre entregado a una extrema misantropía.

La literatura de horror y sus aspectos más importantes

La literatura de horror y sus aspectos más importantes

La mayoría de personas, alguna vez, ha sido cautivada por una historia llena de suspenso, donde nos identificamos con un protagonista que es preso del miedo, conducido inevitablemente por los senderos del terror, y víctima de una trama que tiene como objetivo mermar su salud mental y física. Quizá sea el héroe en el relato y salga victorioso, aunque en muchas obras el mal triunfará para llevar a cabo sus oscuros planes.

El horror se define como un género en la literatura cuyo objetivo principal es causar miedo en el lector. Sin embargo, algunos preferirán usar el término terror para referirse a este grupo de obras. Por eso es importante establecer las diferencias entre uno y otro. Para esto, es de gran ayuda el trabajo que realizó el americano Noël Carroll, filósofo contemporáneo especializado en estudios del arte en sus diferentes manifestaciones. Según su libro: “La filosofía del Horror, o Paradojas Del Corazón”; publicado en el año 1990, que analiza la estética de la ficción de horror tanto en la literatura, la radio y el porno; existe una necesidad por parte de los fanáticos de la ciencia ficción de establecer una diferencia entre el género denominado horror y los otros, siendo su principal rasgo la presencia de monstruos, ya sea sobrenaturales o creados por el hombre.

La hipótesis que plantea en su libro, establece que la sensación de terror artístico responde básicamente a la amalgama de miedo y repulsión que genera la idea de ciertas criaturas, como por ejemplo Drácula. Esos estados que se presentan en el plano cognitivo llegan a perturbar el cuerpo de la persona, ya sea en la forma de un malestar estomacal, un sutil escalofrío que recorre la piel, o la sensación de estar alerta y expectante de un posible peligro real. Por tanto, la psique del lector se verá alterada más allá de no creer en la existencia de esos monstruos, percibiendo sus cualidades y acciones en el plano emocional.

Según Stephen King, uno de los mayores exponentes del género en la actualidad, la literatura de horror se puede entender en tres facetas. La primera corresponde al horror tal cual, que es el causante de las reacciones físicas que la persona percibe. Luego se encuentra el terror, que comprende la idea abstracta, el hecho de especular sin necesidad de existir algo concreto a qué temer. Finalmente se encuentra la repulsión, producto del rechazo originado por la presencia de cantidades excesivas de sangre y vísceras humanas. Estos tres niveles se pueden distinguir claramente en las películas actuales, así como en los libros que se encargan de desarrollarlos individualmente o usándolos de manera interrumpida, de tal forma que el lector se ve alterado en de distintas formas en diferentes momentos.

Otra célebre figura del terror fue Edgar Allan Poe, especializado en los relatos cortos. Quien revolucionó y renovó la novela gótica durante mediados del siglo XIX. Según H. P. Lovecraft, maestro del horror cósmico y creador de los mitos de Cthulhu, gracias a él el género ganó popularidad. Trascendiendo los grupos de ciencia ficción, en los cuales sus adeptos conformaban la mayoría de lectores, y expandiendo el público objetivo a todo el mundo. Tal y como lo vemos actualmente.